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A mí me gusta escribir. Me fascina la magia que ocurre cuando te sientas frente a la pantalla con media idea y empiezas a teclear. El cómo las palabras van dando forma a lo que quieres contar, el escribir, borrar y corregir porque la frase que acabas de formar no te convence y tu mente ha encontrado una mejor. Asentir porque el resultado es el que esperas. Avanzar. Poner el punto final. Dejarlo reposar un tiempo para darte cuenta, en la relectura, de que sí, hay que cambiar cosas, pero que tampoco estaba tan mal y que tú has escrito todo eso. No sé, me parece muy guay.
Por supuesto, que me guste no quiere decir que sea fácil. Hay muchas variables que pueden ponernos la zancadilla, como el síndrome del impostor, la inseguridad, el estado de ánimo y el cansancio. Al menos, a mí personalmente me afectan. Sobre todo el cansancio. Si estoy cansada me cuesta mucho mantener la concentración y entonces tardo mucho más en escribir, eso si no acabo cerrando el documento para hacer otra cosa que me requiera menos atención. Mucha gente tiene rituales de escritura como quitar internet del ordenador que vayan a usar, bloqueadores de redes sociales, velas, cierto tipo de luz, etc., a mí lo que me funciona es poder concentrarme. Una vez que lo consigo, las palabras fluyen solas; sea mejor o peor, me guste más o menos, consigo avanzar con lo que quiero escribir.
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| Suelo escuchar la música en Winamp o en la app Mini Cozy Room: Lo-Fi |
La música tampoco puede faltar y aunque es cierto que puedo escribir sin ella, me cuesta mucho más concentrarme. Necesito que suene de fondo para poder inspirarme mejor; eso sí, tiene que ser instrumental. Para artículos y reseñas me da un poco igual, pero para narrativa sí que necesito que no tenga letra porque me desconcentra. Por lo general, escucho bandas sonoras, sobre todo de videojuegos, o álbumes de música sin voz como los que puedan tener artistas como Mike Oldfield, Vangelis o Enigma.
Luego también hay otra serie de factores que me ayudan, como utilizar el portátil en lugar del sobremesa (este último lo asocio más al ocio, como jugar) o tener un único monitor (para no distraerme tan fácilmente); también me ayuda el escribir por las mañanas o de madrugada, cuando no puedo dormir. Tiendo mucho a mirar las redes sociales cuando estoy mentalmente cansada, así que a esas horas no suele haber mucha gente (por trabajo, por las mañanas; porque están durmiendo, por las noches) lo que supone menos distracciones. También me gusta tener algo para beber, generalmente café (con cafeína por la mañana, descafeinado el resto del día); a veces es una infusión o un refresco, depende del día. Y agua, siempre tengo agua en la mesa porque hay que hidratarse. Por contra, no suelo comer mientras escribo y las pocas veces en que lo hago suele ser algo dulce, como el chocolate.
Por otro lado, aunque me parecen útiles, los pomodoros tampoco me funcionan. Si cojo el ritmo de escribir, los veinticinco minutos se me hacen muy cortos y acaban por interrumpirme la mitad de las veces y eso no me ayuda en nada. He probado a aumentar la duración del temporizador, claro, pero al final estoy más pendiente de cuándo va a sonar, así que prefiero no utilizarlos. Tampoco me funciona el contar palabras por sesión; lo hice un tiempo y siempre acababa por olvidarme de hacerlo o lo apuntaba dos veces; así que lo que hago es anotar los días en los que he escrito, aunque sea un poco, y luego anotar las palabras totales del capítulo o artículo y el mes en el que lo he hecho. Debido a mi forma de ser, necesito ser consciente de que no estoy tocándome la barriga todo el día, así que el poder ver los días que he escrito y la cantidad de palabras, es una forma de hacer callar a esa vocecita que me dice que no hago lo suficiente (en general).
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| Una simple tabla en Obsidian me hace el apaño, la verdad |
En cuanto a los detalles y datos de los proyectos, cuando era más joven los llevaba en la cabeza y no se me olvidaba ninguno. Con el tiempo, la memoria se va deteriorando y la vida de adulto nos obliga a poner prioridad a cosas que no son la escritura (al menos, en mi caso). Sí que es cierto que como me obsesione con una idea no la suelto y me paso el día pensando en ella: esta canción que suena le pega mucho, y estos aesthetics, y esta escena que acabo de inventar tengo que meterla sí o sí. Cosas de ese tipo, vaya. Todos esos detalles los llevaba de cabeza pero, como ya he dicho, ahora no soy capaz de retener tanto, así que utilizo otras cosas para no olvidarme de nada. Al principio, cuando apenas había aplicaciones de este tipo, utilizaba OneNote, luego me cambié a Notion. Esta me gustaba mucho porque era cómoda de utilizar y te permitía colocar las cosas para que visualmente quedasen bonitas; dejé de usarla cuando, de repente, comenzó a irme lenta. No era cosa ni de mi internet ni del contenido que yo había añadido, así que busqué otras alternativas. Sé que ahora Notion va más fluida, pero como han metido IA no he querido añadir cosas ahí; es más, he abierto mis viejos Notion para sacar la información de los proyectos que tenía ahí para pasarlos a Obsidian, que es el programa que actualmente utilizo.
Obsidian funciona por bóvedas que, para entendernos, serían como cuadernos. Tengo un par para cosas generales, como un bullet journal o una bóveda para anotar ideas sin desarrollar que tengo; pero luego suelo crear una bóveda exclusiva para el proyecto que tenga en marcha. Aquí ya suelo hacer una página principal, que es un poco el resumen del proyecto (personajes, trama inicial, el posible contenido sensible, datos técnicos, etc.), y luego subcarpetas para las distintas cosas (escaletas, personajes, trasfondo). Tener las cosas separadas me ayuda a localizarlas y a no tener que estar rebuscando entre mil carpetas y archivos. Cuando acabo un proyecto, su bóveda pasa de la carpeta de Obsidian a la del proyecto, para que no me ocupe espacio en el disco duro portátil y se pueda hacer una copia de seguridad con mayor facilidad de todo el proyecto en sí. Por otro lado, me gustaría poder utilizar cuadernos físicos también para esto, me parecen muy útiles y chulos (me encanta todo lo que sea en tradicional), pero no termino de encontrar el equilibrio entre ellos y mi forma de gestionarme, así que sigo trabajando en ello. Estoy probando algo nuevo con una historia que no tengo como prioritaria, a ver si así consigo algo.
También suelo trabajar en varios proyectos a la vez, aunque tiendo a priorizar dos de ellos, si no, jamás avanzaría con ninguno. Hay días en los que no me apetece trabajar en los prioritarios, así que es cuando acudo a los de reserva, que para eso están, aunque no es algo que suela pasar a menudo. Tampoco tiendo a atascarme al escribir, salvo que sea una escena que se salga de mi zona de confort (bien porque es algo que no suelo escribir, bien porque requiere un estado de ánimo que no tenga en ese momento), pero si sucede, hago una pausa y me tumbo en la cama. Esto suele aclararme las ideas y muchas veces mi mente continúa la escena donde la dejé, sacándome del bloqueo, de manera que tras un ratito descansando, me vuelvo a levantar para seguir escribiendo.
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| Esta suele ser la categorización de mis carpetas para novelas/fanfics en Obsidian (esta en concreto pertenece a Proyecto Feral) |
Y sí, si lo estabas sospechando, has acertado: soy principalmente escritora brújula, aunque me gusta tener un pequeño guion (o escaleta) de lo que quiero que ocurra en la historia. No siempre sigo todos los puntos marcados, a veces los cambio de sitio o, si la historia me lo pide, modifico o quito otros. Al final me suelo dejar llevar por lo que me van pidiendo la trama y los personajes, lo cual a veces es un problema porque me meten en la tesitura de tener que gestionar sus movidas cuando no entraba en mis planes, pero bueno, forma parte de la diversión.
Una vez he terminado el manuscrito, suelo releerlo por encima una vez antes de dejarlo reposar en el cajón. Esta es la parte que más me cuesta: dejarlo reposar. Me es muy difícil empezar nuevos proyectos si tengo algunos sin finalizar, y no darle el punto y final a una historia que quiero compartir es dejar a medias ese proyecto. Estoy trabajando en ello, claro (por mi salud mental), pero no creáis que no se me hace difícil. Una vez el manuscrito ha reposado el tiempo que considero oportuno, lo releo una vez para corregirlo y se lo paso a mis betas (si quieren leerlo, que tampoco hay que obligar a la gente a que lo haga); si me han dejado comentarios, los revisaré y resolveré como mejor me parezca. Después, lo releo una tercera vez y, si no quiero dejarlo en manos de une correctore profesional (a veces la liquidez económica no acompaña, qué le vamos a hacer), lo maqueto y lo publico.
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| (La portada del fanfic del COD es provisional y la del fanfic del Dragon Age la cambié al final, pero la versión que veis ahí me gusta bastante, la verdad) |
Hasta ahora, todo lo que he sacado han sido relatos, una novela corta y fanfics, así que todo ha sido en formato digital, por lo que la maquetación ha sido siempre muy fácil. Este año he sacado una novela corta impresa y ha sido ciertamente una aventura. Las portadas intento hacerlas yo misma, usando imágenes libres de derechos y recursos de Freepik (siempre ocultando los resultados creados por IA en los filtros), Unsplash o, si es la portada de un fanfic, recursos del propio material original. Nunca utilizaré la inteligencia artificial para mis proyectos. Jamás. Y si alguna vez me veis utilizarla, os ruego que me aviséis para solucionarlo porque lo más seguro es que se me haya colado al no haberme dado cuenta (a pesar de que lo miro y remiro).
Por si tenéis curiosidad, los programas que utilizo para escribir son Scrivener (para novelas, fanfics y relatos) y Obsidian (para artículos y datos de cada proyecto); InDesign y Sigil para las maquetaciones, tanto digital como en papel; y Photoshop para las portadas e imágenes interiores, si la maquetación las lleva. Por lo demás, creo que poco más os puedo contar. Si tenéis dudas o curiosidades, me podéis preguntar en comentarios (o en redes sociales) sin ningún tipo de problema.
Recordad que deberíais escribir lo que queráis, no lo que pidan ni el mercado ni las editoriales. Seréis mucho más felices, de verdad. Y, por supuesto, un rechazo editorial no significa que la obra sea mala; puede que no encaje con elles, con lo que quieren sacar "esta temporada" o que haya algo en la historia que no les guste. Probad con otras editoriales, si queréis, y si no pues siempre tenéis la opción de autopublicaros, que es una opción tan válida como la publicación con editorial y no sois, ni seréis, menos por usarla.
Espero que os haya gustado el artículo o que, al menos, lo hayáis encontrado curioso. Al igual que yo, sé que hay gente a la que le gusta saber las rutinas y procesos de otres escritores, así que hoy os abro la ventana a los míos. Si tenéis artículos, posts, hilos sobre el tema o queréis contarme algo sobre vosotres en los comentarios, os leeré encantada.





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