En realidad el título es un poco trampa porque novelas he escrito unas cuantas y de diversas extensiones. Lo que pasa es que ninguna ha visto la luz (bueno, en realidad una sí). Quizá he compartido algún borrador con amigues, pero por lo general suelen estar descansando en un cajón. Que tampoco hay nada de malo en ello, no tenemos por qué compartir todo lo que escribimos, a pesar de que los algoritmos y redes sociales se empeñen en que sí. Pero bueno, eso es otro tema y yo he venido aquí a hablar de otra cosa.
Llevo tiempo dándole vueltas a empezar a sacar cositas propias en lugar de solo fanfics. Me gusta mucho escribirlos y considero que son un buen ejercicio de escritura, pero al final están bastante ligados al fandom al que pertenecen. Es cierto que algunos funcionan fuera de él (incluso sin utilizar el tropo del universo alternativo), pero al final estamos usando algo que no es nuestro. Y a veces apetece sentarse y trazar las bases de un mundo nuevo, aunque solo sea un boceto y no se desarrolle más allá de lo básico. Que tampoco es necesario crear un universo súper complejo para que una historia funcione, al menos, en mi opinión. Creo que, siempre que todo sea coherente dentro de las bases que se han formado, está bien que no se profundice mucho. En cualquier caso, ha sido ese deseo de centrarme un poquito más en mis propios proyectos y querer compartirlos con el mundo lo que me ha dado el empujón final. Y es que sí: voy a autopublicar una novela corta. Soy consciente de que antes mencioné que había sacado otra, pero aunque Ad Astra tenga un final, realmente es una historia abierta y ya os daré la turra cuando esté lista de seguir con ella.
Si lo pienso con frialdad, publicar algo propio es como abrirse al resto del mundo. Y la verdad es que eso da un poco de vértigo, un miedo que va de la mano con la inseguridad en todos los frentes. Al final, como creadores que somos, esperamos que lo que hacemos guste, en mayor o menor medida; que el mimo con el que tratamos las cosas sea suficiente como para que el producto final sea lo más perfecto posible. Aunque seamos conscientes de que nunca será así porque la perfección no existe, qué le vamos a hacer. Así que siendo consciente de que la novela no es perfecta, creo que se le acerca bastante.
Por otro lado, todo este proceso me ha hecho aprender algunas cosillas. Por ejemplo, a maquetar para impresión. El pelearme con las viudas y las huérfanas ha sido ciertamente una batalla que no le deseo ni a mi peor enemigo. Y también lo ha sido gestionar Amazon; aunque al final ha sido una pelea menos traumática de lo que esperaba. Si mi libro no tuviese imágenes interiores, hubiese sido más fácil, pero es que las tiene y algunas llegan hasta el borde, y ahí hubo que toquetear un par de cosas que Amazon te cuenta en distintos sitios (porque tener las cosas bien juntitas no va con ellos). Lo bueno es que lo he aprendido y para la próxima vez ya sé cómo hacerlo. Porque sí, habrá próxima vez y, si todo sale bien, seguramente sea para otoño.
¿Y todo este rollo para decir que vas a autopublicar una novela? Pues sí, para qué mentiros a estas alturas. Creo que hablo poco de cosas, en general, y me hacía un poco de ilusión hablar sobre esto. De que el proceso ha sido más largo del que me hubiera gustado (tampoco cuenta mucho porque soy de las que se quitan las cosas cuanto antes), pero que ha sido bastante interesante y divertido, a pesar de alguna que otra dificultad. De que la prueba de impresión salió prácticamente perfecta a la primera y solo hubo que retocar un par de detalles que eran muy pequeños. Y el ebook parece que también ha salido bien (a ver cuando Amazon lo distribuya, que a mí en el Kindle se me ve perfecto pero nunca se sabe). Los colores de la portada, que era algo que nos preocupaba a la ilustradora y a mí, han salido impresos tal como queríamos. Así que no sé, estoy muy contenta con el resultado pero, sobre todo, con el proceso en sí.
He maquetado muchas cosas, sobre todo en digital, y he experimentado mucho con ello (y lo sigo haciendo). Pero parece que solo he apreciado el trabajo cuando lo he visto impreso. Cuando he tocado el libro en físico, olido el papel, cuando he leído la historia y me he recordado que es algo que he escrito yo; que con la ayuda de mis amigas, ha salido casi perfecto. Y esto me ha animado a sacar en papel otras cosas, aunque sea a nivel personal para tenerlas en la estantería del despacho y ojearlas cuando el síndrome del impostor venga de visita. O cuando tenga un mal día. O, simplemente, para levantarme un poco la autoestima, que nunca está de más.
¿Que cuándo saldrá la novela? Bueno, tengo que preparar un par de cosas y os avisaré por redes, pero seguramente a finales de mayo (si todo va bien). Y sí, también escribiré una entrada en el blog hablando un poco de ella y de la historia que hay detrás de su creación. Porque aunque quizá no es lo mejor que he escrito, ha sanado una pequeña herida que tenía ahí y creo que eso es importante. Publicar las cosas porque te hacen sentir bien, te hacen feliz, te sanan de alguna manera. Porque para algo escribimos lo que nos gusta, ¿no?



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